Con tintes épicos podríamos adornar la experiencia vivida el domingo 11 de marzo en la serranía de Cabra, ya que para la heroicidad sólo faltó apenas un motivo. Y es que la meteorología de montaña no es tan previsible como pensábamos, y jugó una mala pasada durante todo el recorrido de la ruta del río Bailón a los 40 expedicionarios, dos de ellos niños, que animosos emprendimos el camino de Cabra con más nubes que claros. Nos llovió con desahogo, nos venteó desde poniente a levante y hasta nos granizó, sumado al frío propio de la altitud. A pesar de ello, llegamos en tiempo y desigual forma a la hora prevista al final del camino, donde nos esperaba el dulce hogar, llámese autocar, con las ansiadas mudas. A toro pasado, pienso que no hubiese estado de más una señal de advertencia al comienzo de la ruta por parte de los gestores del parque, puesto que en esas circunstancias era irrealizable. A pesar de todas las dificultades, la fuerza del grupo consiguió lo que por momentos pareció...